Nos levantamos al anochecer. La casa esta fría y oscura. Padre nos llama, debemos salir a ayudarle. Los pies se nos llenan de tierra siempre cuando tenemos que ir a verle. Padre es grande y fuerte, él nos protege y nos enseña, nos dice cuándo hay que morder y cuándo hay que arañar.



Él nos cuenta que pronto van a venir nuevos hombres y mujeres. Nos recuerda lo que son, lo malos que son; que su carne debe ser cortada, que su vida debe ser devorada. Nos pone tareas, nos manda fuera. Corro por los campos de cultivo, con ganas de cumplir mi misión; cuando padre esta contento siempre cae algo más de comida y siempre nos deja dormir junto a madre.

 


Hago mi cometido, ¡ha sido muy fácil!

 

Huy.

 

A la hora de salir del pueblo me fijo en algo: una luz, una niña me está viendo con algo que hace luz. Esto va a estar mal. No me me gusta. NO ME GUSTA.

 

Llego a casa fatal y miro, como todas las noches antes de acostarme, a esos señores. Están chillando, algo les duele. Ellos lloran, yo también lloro.

 

Aquí todos lloramos.