Los Magos hacinados en la mansión habían logrado llegar al nuevo mañana. Persuadidos por la oferta de la familia López y Bru se habían encontrado en la batalla de tres entes, de los cuales su naturaleza es difícil de comprender. Ysveth, Anu y Aurelia, las tres primeras magas de la historia de Cáceres.

 

Ysveth con un plan sublime corrompió a la familia de López y Bru y cuando estos estuvieron preparados, uso sus artes arcanas para atraer a Aurelia a la casa. La arcanista no contaba con que la fuerza que Aurelia hubiera crecido tanto en este tiempo. Ni ella ni su hermana Anu, que se había personado para intentar salvar la situación, podían hacerle frente. Aun así, Ysveth aprovechó la confusión para realizar sus movimientos y cumplir sus propios objetivos. Cuando Anu vio el engaño, no pensaba convertirse en una víctima del voraz apetito de Aurelia, así que decidió marchar.

 

Fueron los mortales, los Despertados, los que salvando sus diferencias una vez más, lograron darle un revés a Aurelia y retenerla un tiempo. Si no fuera por ellos, nada habría sido posible. Esto podría haber tenido muchos finales y en ninguno se contemplaba que los Magos vencieran ante tal poder. Pero esto no convertía a los Magos en seres humanos. Para proseguir con su Guerra de la Ascensión la gran mayoría habían tenido que aceptar tratos que les alejaban de la moral humana. Habían hecho cosas que dejarían traumados a los Durmientes que tanto se habían empeñado en despertar.

 

“Y ese desprecio a la moral se vio recompensado con poder.”

 

Todos habían encontrado nuevos maestros y se preparaban, en secreto para enfrentarse a quien hiciera falta con tal de imponer su voluntad. Algunos se dedicaron a ocultar el escándalo de la familia, para que pareciese que no estaban en ese domicilio, que nadie había estado en esa casa ese fin de semana. Otros se centraron en sus tradiciones, en arraigar sus conocimientos.

 

Había una pieza en el tablero que no se pudo descubrir: Mihaela. Ya era tarde cuando se intentó mover la ficha, la marcha de Anu se había precipitado y la cuenta atrás del reloj sonaba para que las fichas se movieran. Todos movieron una importante pieza en el tablero de ajedrez.


“Todos menos los Coristas Celestiales.“

 

Eva en su refugio, rezaba llorando, todas las voces de su coro habían huido y el resto eran notas discordantes en un mundo lleno de caos. Es más Serafina, su dulce hermana, solo se juntaba con ese ser. Extremadamente bella y retorcida, Jaelle solo mostraba en ella los caprichos de la humanidad a la que no pertenecía. Encaprichada con Serafina, promulgaba tener un amor puro hacia ella, amarla y querer cuidarla. Serafina solo tenía ojos para Jaelle y por supuesto que sería suya. La Nefanda la había entregado todo y mientras una noche se demostraban su amor, Eva intentó apuñalar a Jaelle por la espalda. Pero aquello no salió nada bien.

 

Ella quedó como la mala del asunto. Tuvo que huir para que no la capturaran o torturaran. No podía perderse en esos ojos azules infinitos que habían engatusado el alma de su hermana, o al menos eso pensaba ella. No sabía que lo que sentía Serafina por Jaelle era también puro. Por eso iba a realizar un ritual para arreglarlo todo.

 

“Un ritual para llamar a Dios. “

 

Puso los temas y la mesa de mezclas a sonar en un lugar alejado y mientras la canción empezaba ofreció su propia carne y su propia sangre al ritual. Una penitencia para purificar su alma y ofrecerla como la primera nota para unirlos a todos.

 

Mientras la música y la sangre resonaban por toda la sala, Eva solo podía sonreír, el éxtasis le llenaba, el dolor se transformaba en gozo, el miedo en iluminación. La oscuridad se volvió luz. Luz divina. Y mientras está llenaba la habitación Eva se perdía para dar paso a otra cosa. Solo con un deseo.

 

Y todo esto se sumaba a un ente dormitando en un objeto con fecha de caducidad. El sumatorio seguía ascendiendo con la Tecnocracia despierta y apuntando hacia Cáceres. Un Hitmark que había recogido demasiados datos. Una orden dada por la señora Shepard. Y todo queda sumergido en la agonía de no poder encontrar el último bastión para sentirse seguros y poder reorganizar sus estrategias. Ahora los Despertados se deben preparar para el choque y para lo que se encuentra oculto entre sus filas.

 

"Necesitamos ayuda"